X es un estercolero
Me abrí una cuenta en Twitter el 28 de agosto de 2007. Esto fue lo que posteé por primera vez.
Era verano estaba de vacaciones en Sevilla, creo recordar que fue en el Casino de Artesanos de Écija donde escribí aquel tuit que hacía referencia a la muerte repentina de Antonio Puerta, jugador del Sevilla FC.
Cuando los caracteres estaban limitados a 140.
En septiembre de 2009 decidí dar la cara y poner mi nombre real. No ocultarme detrás de un pseudónimo. Creo en que nuestra identidad digital se construye en todas y cada una de las redes o lugares en los que participamos. Llevo uno 20 años alimentando mi identidad digital y estoy orgulloso de saber que si mi hija o hijo buscan en google, si les pica la curiosidad de ver lo que he publicado, no encontrarán nada raro. Respeto la netiqueta .
El balance en Twitter (me resisto a llamarlo X) ha sido positivo, he conocido mucha gente a la que aprecio a través de esta red social. En otro tiempo era una herramienta de contacto y debate muy interesante. Llamábamos claustro virtual a ese espacio donde hablábamos sobre Educación y aprendíamos.
Desde la compra de Elon Musk he estado poco activo, pero últimamente a raíz de presentarme en una lista electoral para las próximas elecciones autonómicas aquí en Andalucía el próximo 17 de mayo, estoy mucho más activo. Pero he entrado un ámbito complejo, el de la política en redes sociales. Aquí no se debate como hacíamos en Educación, con educación y respetando la netiqueta.
Hubo un tuit que tuvo mucha visibilidad decía lo siguiente:
Mis padres viven en Euskal Herria, pero este año se han tenido que venir a Andalucía por cuestiones familiares.
Ahí tienes su balcón.
Lo tienen claro allí y aquí.
Gora Herriak.
Ponía una foto en la que aparece una bandera de Andalucía en el balcón de su casa. Tuvo 178 comentarios, a cada cual más devastador.
Te pongo algunas de las perlas: “Vaya panda de balcanizadores y frikis etnonacionalistas.“; “Tontos hay en todos lados ya sea norte o sur.“; “Tus padres son retrasados, tú eres un frikazo y en “euskalherria” os ven como unos paletos. Espabila anormal“; “Euscalerria no existe pavo, te han engañado. Son las Provincias Vascongadas“; “El maravilloso mundo de los conversos y su esquizofrénico supremacismo.“; “Gorka, tu nombre es inventado y tú eres gilipollas.“; “Mongolón en Vascongadas y en Andalucía“; “Tus padres son hermanos verdad??“…
Prácticamente todos eran perfiles anónimos. Respondí a varios, echando un rato, como divirtiéndome de lo mucho que me estaba riendo. Pero, se me quedó mal cuerpo, en realidad me afectó. Recordé la investigación que llevó a cabo IKEA en 2018, titulada “Bully a plant” (acosa a una planta). Consistía en que durante 30 días estudiantes de una escuela en Emiratos Árabes Unidos cuando pasaban frente a dos plantas exactamente iguales, a una le decían halagos y palabras amables (”eres preciosa”, “gracias por existir”) y a la otra planta, palabras negativas, insultos y palabrotas (”eres fea”, “no vales nada”). Como resultado la planta elogiada creció fuerte, vibrante y sana, por contra la planta insultada se marchitó, sus hojas se cayeron y se secó.
Es tan importante lo que decimos… Incluso lo que nos decimos. Hemos de ser conscientes del daño que hace un insulto. Por mucho que creamos que estamos vacunados ante el desprecio de los demás, sin darnos cuenta nos hace daño.
Twitter es un estercolero, pero yo me quedo con lo que viví. Incluso creo que hay esperanza, se sigue compartiendo, mucho menos, pero quedan rescoldos.
Hoy, el último comentario al tuit que me han puesto ha sido este:
Un poco más edificante.
Disfruten de las redes mientras y como puedan.
Un abrazo:
Gorka “pajarito azul” Fernández Mínguez





